Dos días después de los potentes terremotos que sacudieron la costa venezolana, la ayuda comienza a llegar.
En el estado La Guaira, la destrucción es generalizada: cientos de estructuras han quedado destruidas. Los edificios han quedado reducidos a una masa retorcida de cemento y vigas.
Las familias aguardan frente a los escombros, esperando un milagro.
Natacha Díaz, una madre que apenas tiene voz, le cuenta a la BBC que sus dos hijas están atrapadas en el pequeño centro comercial donde trabajaban como manicuristas.
Llora mientras sostiene una foto de sus hijas en su teléfono celular.
A pocos metros, Andreína Valerio, apenas sin dormir y acompañada por su cuñado, espera un milagro que le devuelva a Santiaguito, su hijo de 1 año y medio. "Mi único hijo", me dice entre lágrimas.
Dos tíos y los abuelos del niño —quienes cuidaban al bebé mientras su madre trabajaba en Caracas— también se encuentran atrapados en este caso familiar.
La zona está militarizada. Han llegado policías, equipos de rescate y voluntarios de otros estados.
Aunque ya hay equipos de rescate de otros países en Venezuela, todavía no han llegado a esta zona de Caraballeda.
Hacia el mediodía, vimos llegar maquinaria pesada para retirar los escombros. Una grúa hidráulica no comenzó a operar hasta las 14:15 aproximadamente en este punto de la costa.